¿Qué es la fibromialgia?

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La Fibromialgia es una enfermedad de causa desconocida cuyo síntoma principal es el dolor crónico generalizado que se localiza, esencialmente, en zonas musculares, tendinosas, articulares y viscerales. La Fibromialgia es la causa más frecuente de dolor generalizado y configura un grupo importante y heterogeneo de pacientes, que requiere un enfoque individualizado.

En la actualidad se define con una mejor propiedad la fibromialgia como un SINDROME DE NEUROAMPLIFICACION DE EL DOLOR , entendido esto se puede enfocar al paciente de una manera mas general para lograr el estudio etiológico de la enfermedad y los diagnósticos diferenciales . Siendo entendida la fibromialgia como un sindrome , esto implica que el clínico que le evalúa debe tener un reto diagnóstico en sus manos ya que la fibromialgia es una gran simuladora de varias enfermedades reumáticas. Es por esto que el profesional que afronta el diagnóstico primariamente es el Reumatólogo , su función fundamental es establecer si su fibromialgia es de carácter PRIMARIA O SECUDARIA . Esto es : si la fibromialgia se acompaña de una segunda enfermedad reumatica y en especial de carácter inmunológico como p ej : Lupus , artrtitis reumatoide , polimialgia reumática , etc , se clasificará como SECUNDARIA y entonces el reumatólogo debe participar más activamente en el manejo de su enfermedad ayudando primordialmente en el transtorno inmunológico de base , pero si su fibromialgia es PRIMARIA , es decir no se encuantra asociación con ninguna otra entidad sistémica o inmunológica su fibromialgia será de un manejo por un GRUPO MULTIMODAL de manejo y no un solo tratante tratando de ayudarle a su enfermedad.

La coexistencia de la sensación de dolor generalizado con cuadros psiquiátricos, ha hecho que, recientemente, algunos reconocidos expertos, sugieran la denominación de "pseudofibromialgia" para estas formas de doloR. Esto es especialmente relevante en el dolor generalizado asociado al Trastorno Bipolar .La verdadera Fibromialgia nada tiene que ver con cuadros psicopatológicos sino que responde a un incremento de la percepción del dolor a nivel del Sistema Nervioso Central. El diagnóstico diferencial entre el dolor percibido asociado a trastornos de ansiedad y/o depresión y un verdadero proceso de amplificación del dolor, es la base de la orientación de un tratamiento efectivo.

La Fibromialgia es una enfermedad reconocida por todas las organizaciones médicas internacionales y por la OMS desde 1992. Está clasificada con el código M79.7 de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10 CM en su última revisión) como una enfermedad reumatológica. Más bien al contrario, ninguna organización internacional niega su existencia y su definición. La naturaleza y existencia de esta entidad se identificó en 1904 y se ha ido revisando desde entonces. La Organización Mundial de la Salud (OMS) incorporó la fibromialgia en su décima revisión de la clasificación internacional de enfermedades de 1991, asignando a la fibromialgia el número M79.0 y clasificándola como reumatismo no articular. En 1990 se publicó, bajo la dirección del American College of Rheumatologist (ACR), un gran ensayo clínico multicéntrico que estableció los criterios diagnósticos de fibromialgia que se utilizan habitualmente en la actualidad. Se atribuyó a dicha definición una sensibilidad del 88,4% y una especificidad del 81% frente al juicio de expertos

Aunque su causa, como decimos, es desconocida, cada vez se detectan más evidencias al respecto de una base genética de la Fibromialgia que se expresa ante determinadas circunstancias y que condiciona una respuesta anómala de el sistema nervioso y una predisposicio incrementar los procesos de sensibilización al dolor (enlace externo al texto completo de una revisión) al menos en aquellos casos que cursan con una extraordinaria sensibilidad dolorosa ante el tacto, el roce o los estímulos térmicos mínimos (alodinia). El dolor y otros síntomas de la Fibromialgia se autoalimentan con el paso del tiempo, lo que hace especialmente importante un diagnóstico precoz.

De hecho, recientes trabajos apuntan que la Fibromialgia no es una entidad única, sino que existen subgrupos: los afectados por un claro incremento de la sensibilidad al dolor sin trastorno psiquiátricos o psicológico añadido, los que la asocian con depresión y los que tienen un dolor con características de somatización (enlace externo a la cita). Para algunos autores, solo el primer subgrupo constituiría la verdadera Fibromialgia. Esta propuesta parece confirmarse con los trabajos de Giesecke (enlace externo a la cita) Es importante que dejemos de considerar a los enfermos con Fibromialgia como un grupo homogéneo.

Las personas que han sufrido a lo largo de su vida, episodios de violencia grave, sufren Fibromialgia y otros procesos de dolor crónico con mayor frecuencia (enlace externo a una cita). Se piensa que ello es debido a la situación de estrés continuado que produce. La falta de Vitamina D se ha asociado a procesos de dolor crónico y a la presencia de depresión y ansiedad en la FM (enlace externo a la cita), aunque estudios recientes cuestionan este planteamiento.

La historia natural de la fibromialgia se ha seguido y monitorizado de manera prospectiva durante años en distintos estudios, en los que los pacientes expresaban, de manera protocolizada y periódica, la intensidad de su dolor, el estado funcional y los síntomas afectivos. En general, los hallazgos indican que, una vez que la enfermedad se establece, los pacientes continúan sintomáticos y no mejoran durante largos períodos de tiempo. Además, la alteración funcional empeora lentamente. En otros estudios de seguimiento se encontró que todos los pacientes continuaban con fibromialgia 15 años más tarde. El 66% de los pacientes indicaba que tenía algún tipo de mejoría, pero otro 59% manifestaba que persistía una astenia notable, el 55% consideraba que continuaba con un dolor o inflamación entre moderado e intenso, y el 48% presentaba trastornos del sueño. La fibromialgia es un problema frecuente en la práctica clínica; su prevalencia difiere según la población estudiada y oscila entre el 0,7 y el 20%

Es también muy importante tener en cuenta que en el proceso de diagnóstico diferencial de la Fibromialgia deben descartarse siempre la hipocondría, el trastorno de conversión, la somatización , el trastorno somatomorfo. El descartar que una patología psiquiátrica pueda ser la causa del dolor generalizado y el complejo sintomático asociado es fundamental para poder enfocar correctamente el problema del enfermo, razón por la que es muy importante huir de los diagnósticos de complacencia. Una buena herramienta de despistaje psiquiátrico es el CIDI (Composite International Diagnostic Instrument) de la Organización Mundial de la Salud.

Adicionalmente durante la exploración y aunque no forman parte de los criterios, es frecuente encontrar espasmos musculares o bandas de tensión muscular (que el paciente describe muchas veces como nódulos o bultos), hipersensibilidad al pellizco de la piel (muy típica a nivel del trapecio), estiramiento doloroso de grupos musculares, alodinia estática y dinámica y dermografismo.

Los criterios de la ACR han tenido la importante función de dotar a la fibromialgia de una identidad nosológica propia, y han permitido el desarrollo de una investigación fiable y creciente, reconociendo la fibromialgia como una entidad legítima y concreta dentro del ámbito de la medicina. Sin embargo, dichos criterios fueron elaborados con el fi n de desarrollar una investigación que permitiera el uso de una metodología ortodoxa y estandarizada, pero presentan limitaciones importantes en su utilidad clínica. Así, por ejemplo, la ACR, basándose en la recopilación de una extensa experiencia clínica, diagnóstica y terapéutica de más de 20.000 pacientes con fibromialgia, mediante un consenso colectivo de sus paneles de expertos, afirmó que, para propósitos clínicos, es importante incluir en el diagnóstico del paciente, además del dolor musculoesquelético, otras variables como la disfunción psicológica, que también son partes intrínsecas de esta enfermedad. A partir de aquí se han venido proponiendo una serie de procesos, adaptaciones de la definición y divisiones o agrupamientos clínicos estratégicos que se describen a continuación.

Clasificación de Giesecke et al.

Está basada en variables obtenidas de 3 dominios diferentes: a) ánimo: mide la depresión mediante la Center for Epidemiologic Studies Depression Scale y la ansiedad rasgo evaluada mediante el State-Trait Personality Inventory; b) aspectos cognitivos: evalúa el catastrofismo y el control del dolor mediante las subescalas del mismo nombre del Coping Strategies Questionnaire, y c) variables biológicas: incluye hiperalgesia/sensibilidad al dolor, valorada mediante el dolorímetro y la presión dolorosa aplicada de forma aleatoria a niveles supraumbral. Con estas variables se obtienen 3 grupos. Esta clasificación se adapta bien a la realidad clínica, al incluir no sólo aspectos psicológicos como otras clasifi caciones, sino también biológicos y cognitivos. Además se ha desarrollado utilizando modelos estadísticos adecuados como el análisis de clusters.

Clasificación de Müller et al.

Se basa en signos clínicos y síntomas asociados. Divide a los pacientes con fibromialgia en 4 subtipos: a) fibromialgia con extrema sensibilidad al dolor sin asociarse a trastornos psiquiátricos; b) fibromialgia y depresión relacionada con el dolor comórbido; c) depresión con síndrome fibromiálgico concomitante, d) fibromialgia debida a somatización. Se trata de una clasificación descriptiva, propuesta en función de la experiencia clínica del autor, pero no obtenida mediante análisis estadísticos. Por otra parte, el último grupo es discutible porque la somatización es un concepto cuestionado actualmente en psiquiatría y posiblemente desaparecerá en futuras clasificaciones. Ambas cosas constituyen una importante limitación para la elección de esta clasificación.

La mayoría de las personas con fibromialgia presentan fatiga, menor resistencia a actividades que impliquen esfuerzo y la clase de cansancio que se siente cuando se tiene gripe o cuando no se puede dormir. A veces, el cansancio es un problema mucho más grave que el mismo dolor.

Además son comunes las alteraciones del sueño en quienes tienen fibromialgia, mismas que varían de una persona a otra. Algunos pacientes tienen problemas para quedarse dormidos, mientras otros tienen un sueño muy ligero y se despiertan frecuentemente durante la noche. El cansancio puede variar desde una simple desgana y menor resistencia al esfuerzo en ciertas actividades hasta la extenuación y también puede variar de un día para otro.

Las investigaciones han demostrado que la interrupción de una de las fases del sueño, denominada “sueño profundo” altera ciertas funciones cruciales del cuerpo humano, como la producción de las hormonas necesarias para restaurar el tejido muscular, y los niveles de sustancias que controlan la manera en la que una persona percibe el dolor. Está claro que los problemas del sueño pueden empeorar los síntomas de la fibromialgia y el mejoramiento de éste es una parte integral para controlarla.

La fatiga y demás síntomas que presentan los individuos con fibromialgia podría parecerse a otro padecimiento llamado Síndrome de Fatiga Crónica (SFC), y debido a esto, muchas personas con fibromialgia también cumplen con el criterio para esta condición. Otros síntomas que coinciden son los de las personas con trastornos somáticos o sensibilidad química múltiple.

Todos nosotros conocemos que es el dolor. Lo aprendemos desde muy temprana edad, sabemos que es parte de la vida, y oímos hablar de él en la TV, en la radio, etc. Existe una experiencia de dolor corriente que se experimenta regularmente en lo cotidiano. Solemos llegar a casa después de una larga jornada de trabajo con dolor de cabeza, de cintura o de espalda; sufrimos intensos dolores de brazos o de piernas después de un fin de semana intenso de actividad deportiva, o a continuación de un viaje o de una mudanza.

Frente a la experiencia de dolor, todos tenemos expectativas. Una expectativa es que seguramente estamos frente a un tipo de dolor agudo que es temporal, que va a desaparecer con el tiempo, descanso o con algún tratamiento indicado médicamente. Sabiendo que hay un fin para este dolor particular, pronto aprendemos a manejarlo y a hacer lo necesario mientras dure para sentirnos mejor hasta que pase.

Otra expectativa es que el dolor no interfiera con nuestras tareas, roles o funciones. Ninguno de nosotros espera que estos dolores lleguen a ser tan intensos y profundos que nos impidan levantarnos para ir a trabajar y cumplir con nuestras obligaciones y responsabilidades. La Fibromialgia causa dolor crónico que es muy distinto del dolor agudo.

No nos podemos levantar de la cama, nos duele cualquier lugar del cuerpo donde quiera que lo presionemos. Cada músculo del cuerpo nos duele pero igual nos tenemos que levantar e ir a trabajar. Este tipo de dolor es el que cada persona con Fibromialgia atraviesa cada día y a pesar de ello, trata de hacer todas sus tareas diarias a pesar del dolor. Muchos enfermos refieren su dolor como intenso e insoportable.

En la Fibromialgia es característica la presencia de los llamados "puntos sensibles". Estos puntos sensibles están situados a largo del cuerpo y pueden desarrollarse en varias formas, aunque todavía no se comprende exactamente como se originan. El comité que los seleccionó determino en un principio hasta 74 puntos sensibles de los que se eligieron los 18 más frecuentes estadísticamente, que corresponden a zonas donde existe mayor número de receptores nociceptivos. Un traumatismo, infecciones, inflamaciones o factores hereditarios podrían incrementar las señales de dolor en los músculos y nervios. En lugar de sanar o de volver a la normalidad después de cualquiera de estos posibles daños, estos nervios sensibilizados causarían cambios en el sistema nervioso central volviendo mas sensibles y muy excitables a los canales nerviosos, haciendo que los mismos emitan espontáneamente señales dolorosas todo el tiempo.

Además de los dolores físicos las personas con Fibromialgia sufren de otros tipos de dolores: dolor emocional y psicológico que sobreviene como efecto de enfrentar cotidianamente temores, dudas, confusión, estrés, tristeza, culpa y variadas preocupaciones que la limitación física le impone y daño moral por la falta de un trato digno y sensible. Con el paso del tiempo, separar el dolor somático del dolor emocional, puede llegar a ser imposible.

Los cambios de estado de ánimo son un síntoma común de la fibromialgia. Con frecuencia, las personas con fibromialgia se sienten tristes o decaídas y algunas también presentan depresión, al igual que ansiedad. Algunos investigadores piensan que hay una conexión entre ciertas clases de depresión y la ansiedad crónica. Sin embargo, cualquier persona con una enfermedad crónica, no únicamente fibromialgia, puede sentirse deprimida en ocasiones, al luchar contra el dolor y el cansancio.

Los individuos con fibromialgia pueden presentar dificultades al concentrarse o al realizar tareas mentales sencillas. Estos problemas aparecen y desaparecen y a menudo son más marcados en momentos de agotamiento o ansiedad extremos. Se han notado problemas similares en personas con cambios en su estado de ánimo, disturbios del sueño u otras condiciones crónicas.

Otros problemas

Los dolores de cabeza, especialmente aquellos causados por la tensión y las migrañas, son comunes en quienes tienen fibromialgia. De igual forma, la fibromialgia se asocia con dolor en los músculos de la mandíbula y de la cara (padecimiento de la articulación denominado temporomaxilar o síndrome TMJ, por sus siglas en inglés) o dolor miofascial (músculo esquelético) en una sola parte del cuerpo. En estos casos, la fibromialgia puede considerse como regional, localizada o incompleta.

El dolor de estómago, la hinchazón o distensión abdominal y el estreñimiento alternado con diarrea (llamado síndrome de colon irritable), también son síntomas muy comunes. La irritabilidad y los espasmos de la vejiga podrían provocar que el afectado orine más frecuentemente o que sienta la urgencia de orinar. El paciente también puede experimentar dolor pélvico agudo. Algunos de los problemas que pueden relacionarse con la fibromialgia incluyen mareos, piernas inquietas, endometriosis, cosquilleo y adormecimiento de las manos y de los pies.

Para poder clasificar adecuadamente a los pacientes y manejarlos de la mejor forma posible es conveniente evaluar no sólo las variables físicas acostumbradas, sino también determinados aspectos psicológicos que son claves para la evolución de la enfermedad. Una anamnesis dirigida y un algoritmo diagnóstico apropiado servirán para poder situar al paciente dentro del correspondiente subgrupo propuesto y proceder a su manejo terapéutico. Como en otras enfermedades crónicas, la información y educación son claves para el tratamiento de los pacientes, independientemente del subgrupo al que pertenezcan. Los pacientes expresan como una de sus prioridades la necesidad de ser informados sobre la causa de la enfermedad y las estrategias más adecuadas para reducir los síntomas y mejorar la función. Además, las enfermedades crónicas, por su naturaleza, requieren que el paciente asuma alguna responsabilidad en su cuidado. Un paciente bien informado sobre su enfermedad, su pronóstico y su tratamiento, está mejor preparado para enfrentarse a ella y minimizar sus consecuencias. Una correcta información también puede facilitar el cumplimiento del tratamiento. Aunque algunos profesionales han sugerido que el diagnóstico de fibromialgia podría tener efectos negativos, una revisión sistemática demostró que hay evidencia de calidad moderada-buena de que reduce la presión asistencial por parte de estos pacientes. Hay pocos ensayos clínicos aleatorizados (ECA) que analicen de forma aislada la eficacia de la información/educación en fibromialgia. Burchkhard et al (Burckhardt CS, Mannerkorpi K, Hedenberg L, Bjelle A. A randomized, controlled clinical trial of education and physical training for women with fibromyalgia. J Rheumatol 1994;21:714–20.) observaron una mejoría significativa en la autoeficacia y calidad de vida, y Oliver et al. . (Oliver K, Cronan TA, Walen HR, Tomita M. Effects of social support and education on health care costs for patients with fibromyalgia. J Rheumatol 2001;28:2711–9.) una disminución del catastrofismo.

Su médico puede personalizar su plan de tratamiento para que se adapte a sus necesidades específicas. Algunas personas con fibromialgia manifiestan síntomas leves y precisan muy poco tratamiento una vez que comprenden qué es la fibromialgia y cómo evitar los factores que la empeoran. Efectuar pequeños cambios en el estilo de vida, como reducir el estrés o mejorar el sueño, pueden ayudar en gran medida. Otras personas, sin embargo, requieren un programa de cuidados completo que incluye medicamentos, ejercicio e instrucción de técnicas para sobrellevar el dolor.

Entre las opciones para el tratamiento de la fibromialgia están:

  • medicamentos para disminuir el dolor y mejorar el sueño
  • programas de ejercicio y actividades que mejoren la salud en general
  • técnicas de relajación para aliviar la tensión muscular y la ansiedad
  • programas educativos que ayuden a entender y controlar los síntomas de la fibromialgia y a remover factores del estilo de vida que podrían causar los disturbios del sueño.

No existe aún un tratamiento curativo para el Síndrome de Fibromialgia, pero sí existe amplia evidencia científica respecto al abordaje multidisciplinario en asistencia primaria, como forma eficaz de propuesta terapéutica. Podemos afirmar que, en general, el tratamiento farmacológico de la Fibromialgia, es decepcionante, aunque existen subgrupos de pacientes en los cuales los medicamentos son parcialmente efectivos. La Pregabalina y la Duloxetina, han sido aprobadas para el tratamiento de la Fibromialgia en algunos países, pero sus evidencias de efectividad son bajas. Esperar una "pastilla mágica" (que no existe en casi ninguna enfermedad) que "cure" la enfermedad, es quimérico y muy poco realista, por lo que un tratamiento adecuado debe basarse en la información rigurosa al paciente y su entorno, conseguir su implicación en un tratamiento integrado a largo plazo, tomar la menor medicación posible y saber que el objetivo del tratamiento es conseguir una mejor calidad de vida y mantener una vida activa en todos los aspectos.

Existen varias clases de medicamentos que pueden emplearse para tratar el dolor y otros síntomas de la fibromialgia. Tres han sido aprobados por la Administración de Fármacos y Alimentos de los Estados Unidos específicamente para tratar del dolor asociado a esta condición. Dos de ellos: duloxetine (Cymbalta) y milnacipran (Savella) son inhibidores de la reabsorción de norepinefrina y serotonina, los cuales aumentan los niveles químicos de los neurotransmisores involucrados en la transmisión del dolor. El tercero, pregabalina (Lyrica), reduce las concentraciones de otros neurotransmisores que incrementan la transmisión del dolor, como el glutamato y la sustacia P.

Otros fármacos útiles en el tratamiento de la fibromialgia, cuyo uso no es está aprobado estrictamente para ella, son:

  • Los medicamentos tricíclicos: tales como la amitriptilina que podrían aliviar el dolor y mejorar el sueño.
  • La ciclobenzaprina que funciona de manera parecida a la amitriptilina, y es igualmente efectiva.
  • Los inhibidores selectivos de la reabsorción de la serotonina, conocidos como SSRI, por sus siglas en inglés, tales como la fluoxetina , la paroxetina y la sertralina , mismas que podrían aliviar el dolor y mejorar el estado de ánimo.
  • Estas sustancias a menudo se clasifican como “antidepresivos”, ya que los niveles bajos de estos mismos neurotransmisores pueden causar depresión. Sin embargo, sirven para tratar la fibromialgia en pacientes con o sin depresión; por lo tanto no piense que su doctor cree que usted está deprimido únicamente porque le receta uno de estos fármacos.
  • Otras medicinas que también han demostrado eficacia en el tratamiento de la fibromialgia son gabapentina , venlafaxina, tizanidina y tramadol

Las dosis moderadas de fármacos antiinflamatorios no esteroides (AINEs), como el naproxeno o el ibuprofeno podrían ayudar a aliviar un poco el dolor. La mayoría de los médicos no suelen recetar calmantes tipo narcótico ni tranquilizantes, excepto en los casos más severos de fibromialgia, debido a que estos compuestos no son tan efectivos para controlar el dolor producido por la fibromialgia como lo son para tratar otros tipos de dolor. Además que su uso a largo plazo puede causar un impacto negativo en los órganos, en el sistema nervioso y en el sistema digestivo.

Ningún medicamento funciona de igual manera en todos los casos. El medico deberá ir buscando que tipo de medicamento resuelve o mejora la sintomatología en cada caso. Hay varias categorías de drogas utilizadas para el tratamiento de la Fibromialgia: analgésicos, ansiolíticos, antidepresivos tricíclicos y de otros tipos, relajantes musculares (poco tiempo), inhibidores duales de la recaptación de serotonina y noradrenalina, inductores del sueño no benzodiacepínicos, modificadores del metabolismo de la dopamina, etc.

Es importante una racionalización máxima en la toma de fármacos, ya que muchos síntomas propios de la Fibromialgia pueden ser potenciados por estos, como por ejemplo las alteraciones de la concentración, la sensación de inestabilidad o mareo, la fatiga y la alteración de la memoria. Es conveniente reevaluar regularmente la eficacia de los fármacos que se están tomando. En general, la respuesta farmacológica en la FM es decepcionante.

La farmacogenómica (variabilidad en la respuesta a los fármacos, dependiente de los genes), nos permite, con el análisis de algunos enzimas, determinar los enfoques más efectivos y de menores efectos secundarios para los pacientes.

Los enfermos con Fibromialgia presentan un incremento en sus valores de radicales libres y de sus procesos de estrés oxidativo, como ocurre en otras muchas patologías crónicas), por lo que parece indicada la utilización de antioxidantes como tratamiento complementario.

Estudios recientes de equipos de prestigio (Mayo Clinic), han evidenciado una mejoría en aspectos como la fatiga y la ansiedad (no en el dolor) mediante un tratamiento con acupuntura en la Fibromialgia.

En muchas ocasiones la utilización de medicamentos es decepcionante e invita a los pacientes a las llamadas "terapias alternativas" que, con excepción de la acupuntura (y con un nivel de evidencia bajo), no han demostrado eficacia en el síndrome.

Hay que huir muy especialmente de los llamados "productos milagro", que ofrecen sin ser ni siquiera fármacos ni haber sido sometidos a ninguna evaluación crítica científica, la "curación" o una "gran mejoría".

Resulta cuando menos llamativa la masiva utilización de la costosa ozonoterapia en esta patología sin que haya demostrado de forma científica su eficacia en modo alguno y habiéndose documentado peligrosos efectos adversos. En la actualidad no hay un argumento sugerente de una adecuada relación riesgo/beneficio de la ozonoterapia en las enfermedades reumáticas (Revisión sistemática. Carmona L. Reumatol Clin. 2006;2(3):119-23).

Le sugerimos la reflexión sobre las llamadas "medicinas alternativas" con la lectura de este artículo

No hay ninguna medicación que por si sola pueda eliminar toda la sintomatología, pero algunas combinaciones podrían ayudar a disminuir el dolor, mejorar el sueño y reducir la tensión muscular. Sabemos que la combinación de todos los factores integrados de tratamiento mejora la sintomatología y el pronóstico funcional del paciente. En todo caso, estudios rigurosos nos alertan de la peor evolución del enfermo con Fibromialgia y polimedicado.

Hay un efecto de arrastre del dolor que provoca mayor tensión muscular y profundiza las contracciones musculares y articulares. Existen fármacos en el mercado que ayudan a contrarrestar estos efectos ayudando a la relajación muscular, y disminuyendo la sensibilidad al contacto y la presión de los puntos dolorosos aliviando a las personas con Fibromialgia.

La experiencia y el seguimiento a largo plazo han indicado que si bien la Fibromialgia es una enfermedad crónica, la evolución de la sintomatología puede variar en severidad de un caso a otro a lo largo del tiempo.

El tener buenos hábitos para dormir es importante para mejorar la calidad del sueño. Esto significa hacer cosas que le ayuden a quedarse dormido. El establecer un horario para acostarse y para levantarse y adherirse estrictamente a él, es importante. Su cuerpo podría tardarse hasta seis meses en acostumbrarse a este cambio, pero le ayudará a conciliar el sueño.

Su habitación debe mantenerse fresca, obscura y en silencio. Reserve su habitación para la intimidad y para dormir únicamente. No instale una oficina en su dormitorio. Realice las actividades que le produzcan tensión en otro cuarto y haga que su alcoba sea un lugar de descanso, de relajamiento y de recuperación. No beba café, té o sodas que contengan cafeína en la noche o inclusive en la tarde, si es muy sensible a la cafeína. Evite consumir chocolate en la noche, ya que tiene pequeñas cantidades de cafeína. No haga ejercicios muy próximos a la hora de acostarse.

Se deben valorar fundamentalmente 3 opciones:

a) Ejercicios aeróbicos. Utilizan grandes grupos musculares involucrándolos en movimientos repetidos, con aumento de la frecuencia cardíaca pero sin superar el umbral anaeróbico (hasta 70-85% de la frecuencia cardíaca máxima para la edad). Entre ellos se incluyen ejercicios en carga (caminar, danza, etc.) y en descarga (bicicleta, natación, etc.).

b) Ejercicios de fortalecimiento muscular. Pretenden mejorar la fuerza, resistencia y potencia muscular realizando contracciones musculares contra determinadas resistencias como bandas elásticas, pesas o el propio peso del paciente.

c) Ejercicios de estiramiento o flexibilidad. Su objetivo es mejorar la flexibilidad muscular y de los tejidos blandos.

Quizás sea renuente a realizar ejercicios si se siente cansado y adolorido, pero hay varias clases de ejercicios a escoger. Los ejercicios de estiramiento y relajación, tales como el yoga, podrían ser útiles en pacientes con fibromialgia. Los ejercicios de fortalecimiento también pueden ser ejecutados por personas con fibromialgia, pero generalmente, su práctica se recomienda una vez que se haya completado exitosamente un programa de ejercicios aeróbicos.

Los ejercicios aeróbicos de bajo o cero impacto, como caminar, montar en bicicleta, yoga, Pilates, ejercicios aeróbicos acuáticos o natación, suelen ser las mejores formas de empezar una terapia de ejercicio. Sin embargo, es importante avanzar en la medida que usted pueda tolerar el ejercicio sin que haya un incremento sustancial del grado de dolor. Muchas personas que tienen fibromialgia descubren que es de mucha utilidad consultar a un fisioterapeuta con experiencia para obtener los mejores resultados.

Comience despacio. Puede iniciar con cinco minutos, tres veces al día, para alcanzar un total de 15 minutos de ejercicio diariamente. Con el tiempo, trate de aumentar la resistencia de su programa de ejercicio para lograr un total de 20 a 30 minutos de ejercicios cada día. Incremente el tiempo lentamente, añadiendo sólo un minuto por semana. Haga ejercicios saltándose un día y de ser posible, aumente su actividad de forma gradual hasta conseguir una mejor condición física.

Estire suavemente los músculos y mueva las articulaciones a lo largo de su amplitud de movimiento todos los días, y antes y después del ejercicio. Los fisioterapeutas pueden ayudarle a desarrollar un programa de ejercicios personalizado para mejorar su postura, flexibilidad y estado físico. Prolongar su resistencia es importante y podría tardarse seis meses o más. Siga su rutina y sea realista sobre sus metas.

Muchas personas pueden beneficiarse del aprendizaje de técnicas para sobrellevar y controlar el dolor. Estas técnicas incluyen el aprender a relajar los músculos, la meditación y la bioretroalimentación. Además, algunas estrategias le pueden servir para sentirse menos abrumado por el dolor y la tensión asociados a la fibromialgia. A menudo, la simple técnica de la distracción puede ser una herramienta muy útil para controlar el dolor. El involucrarse en actividades como el compartir momentos con la familia o amigos le ayudarán a no concentrarse en el dolor. Es muy importante que se mantenga tan físicamente activo como le sea posible pero evitando abusar del ejercicio.

Las técnicas para el control del estrés, como los ejercicios de respiración y aprender a sobrellevar la fatiga al alternar períodos de actividad con períodos de descanso, pueden también ayudar a controlar los sentimientos de ira, tristeza y pánico que acosan a las personas con fibromialgia. Es importante que identifique y reduzca las fuentes que le producen estrés en la vida cotidiana.

La práctica de buenos hábitos del sueño, tales como reducir la cantidad de cafeína en su dieta, el uso de audios de relajación antes de dormir y mantener un horario regular para acostarse y para levantarse, van a mejorar enormemente el tiempo de descanso, lo que a su vez, le ayudará a disminuir el dolor y el cansancio durante el día.

Para aprender técnicas para el control del dolor y la tensión, a menudo se requiere de la ayuda de profesionales de la salud. Los estudios de investigación que se han publicado hasta la fecha sobre técnicas de manejo del dolor causado por la fibromialgia, sugieren que esas estrategias podrían funcionan mejor si son diseñadas específicamente para satisfacer las necesidades particulares de cada individuo. Un terapeuta o un psicólogo especializado en terapia del comportamiento cognitivo pueden desarrollar un plan de auto-control que satisfaga sus necesidades.

A menudo, las personas con fibromialgia se han sometido a muchas pruebas y han consultado a múltiples especialistas en busca de respuestas. Con frecuencia se les dice que puesto que su apariencia es buena y los resultados de los análisis son normales, no sufren de ningún trastorno verdadero. Es posible que amigos y familiares, además de los médicos, duden de la veracidad de sus síntomas, lo cual puede aumentar su sentimiento de aislamiento, culpabilidad e ira.

Tanto usted como su familia deben comprender que la fibromialgia provoca dolor y agotamiento crónicos. Debe asumir un papel activo en el control de este trastorno, haciendo ejercicio con regularidad, educándose sobre su afección y aprendiendo a implementar técnicas de relajación y estrategias para controlar el estrés.

En un estudio de investigación sobre cómo se sintieron las personas una década después del diagnóstico, la mayoría se sintió mejor después de modificar su estilo de vida y de recibir tratamiento. Mientras que 9 de 10 personas con fibromialgia trabajan a tiempo completo, el 30% ha tenido que cambiar empleos y un 30% ha cambiado las responsabilidades de su trabajo. Algunos individuos con fibromialgia tienen síntomas tan graves que no pueden desenvolverse bien laboral o socialmente. Estas personas podrían requerir mayor atención como la ofrecida en un programa de un centro multidisciplinario para el control del dolor, que emplea terapeutas ocupacionales, fisioterapeutas, trabajadores sociales, enfermeros, profesionales de la salud mental, consejeros de rehabilitación y especialistas del sueño. Su médico de cabecera o reumatólogo pueden darle información sobre centros de manejo del dolor o programas similares.