¿QUÉ ES LA ARTRITIS REUMATOIDE?

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La artritis reumatoide (AR) es una enfermedad inflamatoria crónica, de naturaleza autoinmune, caracterizada por manifestaciones en las articulaciones (como dolor, tumefacción y rigidez) y la presencia de síntomas generales (como cansancio, sensación de malestar, fiebre ligera, inapetencia y pérdida de peso corporal). Se inflaman las articulaciones produciéndose dolor, deformidad y dificultad para el movimiento, aunque también puede afectar otras partes del organismo. Es una enfermedad crónica, con una baja frecuencia de curación espontánea, aunque con un tratamiento adecuado se consigue un buen control de la enfermedad en la mayoría de los casos. Las molestias y limitaciones que ocasiona la artritis reumatoide varían mucho de un enfermo a otro, de modo que no hay dos enfermos iguales. La artritis reumatoide es una de las más de 100 enfermedades reumáticas existentes, con un pronóstico y un tratamiento específicos, por lo que el diagnóstico ha de ser preciso (generalmente realizado o confirmado por un reumatólogo). Además, con el paso del tiempo es común la aparición de algunas manifestaciones extra - articulares, es decir, que afectan a sectores del organismo no relacionados con las articulaciones (como la piel, los vasos sanguíneos, el corazón, los pulmones, los ojos y la sangre). En las fases avanzadas, y en ausencia de tratamiento, la enfermedad puede causar importantes limitaciones físicas y un marcado deterioro de la calidad de vida

La artritis reumatoide es frecuente pero lo es mucho más en mujeres, pero también afecta a varones. No es una enfermedad propia de la edad avanzada y aunque puede aparecer en ancianos, se presenta con mayor frecuencia entre los 30 y los 55 años. Asimismo, una forma muy similar de artritis puede afectar a los niños. La evolución de la AR está ligada a la inflamación articular y es muy variable. En algunas personas, cesa de forma espontánea. Sin embargo, en la mayoría de los casos evoluciona durante muchos años, incluso de por vida, siendo característica la alternancia de períodos de exacerbación sintomática, que suelen durar unas cuantas semanas o unos pocos meses, con períodos de calma relativa o absoluta. Sin el tratamiento oportuno, los brotes sintomáticos tienden a ser más frecuentes y duraderos, hasta provocar una progresiva limitación de la movilidad articular y la aparición de ciertas deformidades esqueléticas características. Por ello, en ausencia de tratamiento, lo más habitual es que la AR depare un importante deterioro de la capacidad funcional y la calidad de vida. Las articulaciones que se inflaman con más frecuencia son las muñecas, los nudillos, las articulaciones de los dedos de las manos y de los pies, los codos, los hombros, las caderas, las rodillas y los tobillos. El dolor del cuello puede también ser debido a la artritis reumatoide y debe ser comunicado al médico. Además del dolor y la hinchazón, por las mañanas puede haber dificultad para el inicio de los movimientos (rigidez matutina) de duración variable, y que puede llegar a ser incluso de horas. La inflamación persistente puede acabar dañando los huesos, ligamentos y tendones que hay alrededor. La consecuencia será la deformidad progresiva de las articulaciones y la pérdida reducción de la movilidad articular, lo que puede llevar al enfermo a un cierto grado de discapacidad para hacer algunas tareas de la vida diaria. Otros síntomas menos frecuentes pueden tener que ver con alteraciones de la enfermedad a otros niveles o con efectos poco deseables de los tratamientos que se utilizan. Lo más frecuente es que sean independientes, pero hay que contar al reumatólogo síntomas como: fiebre inexplicable, cansancio fácil, dolor de cuello intenso y persistente, hormigueos en manos o pies, ronquera mantenida sin notar catarro, sensación de falta de aire con los esfuerzos, tos continua, dolor en el pecho o en los costados, sequedad de la boca, enrojecimiento o sensación de arenilla en los ojos, picor vaginal, manchas o bultos en la piel o diarrea persistente. Para saber si una persona padece una artritis reumatoide, el reumatólogo valora los síntomas que se han señalado previamente y realiza una exploración de las articulaciones para comprobar si están o no hinchadas. Hay sin embargo muchas otras enfermedades reumáticas que pueden producir molestias similares. Por este motivo los hallazgos que se pueden encontrar en las radiografías y algunos estudios analíticos (factor reumatoide) son de gran utilidad para confirmar el diagnóstico. Puede ocurrir que una persona presente dolor e hinchazón en las articulaciones durante algún tiempo, y que ni la intensidad de sus síntomas ni las radiografías ni los análisis permitan al médico hacer con certeza el diagnóstico de una enfermedad reumática inflamatoria determinada. La artritis reumatoide no tiene en el momento actual un tratamiento curativo, lo que no significa que no exista tratamiento alguno. Es más, van apareciendo nuevos medicamentos que permiten controlar la enfermedad en un porcentaje cada vez más elevado de pacientes. La colaboración entre el enfermo y el médico es fundamental para el control de la artritis reumatoide.

El término artritis significa inflamación de las articulaciones, por lo que cualquier enfermedad que cause inflamación a nivel articular puede ser denominada como artritis. A continuación explicaremos las más importantes.

Gota:

La gota es una enfermedad causada por el aumento en los niveles de ácido úrico y el depósito de esta sustancia en las articulaciones. Usualmente causa inflamación y dolor en una sola articulación, afectando típicamente al dedo gordo de uno de los pies, así como también puede afectar un tobillo o una rodilla. En raros casos la enfermedad se puede complicar causando un cuadro de artritis gotosa que compromete varias articulaciones y produce la aparición de tofos. Esta enfermedad se relaciona con el consumo de dietas ricas en proteínas, por lo que los médicos sugerimos disminuir la ingesta de carnes rojas a este tipo de pacientes.

Artritis psoriásica:

Es un tipo de artritis que afecta a los pacientes que sufren de psoriasis. Afecta usualmente articulaciones grandes y en forma unilateral (rodillas, tobillos, caderas), pudiendo causar otras alteraciones como dactilitis, término que se refiere a la inflamación de un solo dedo como una salchicha, inflamación del tendón de Aquiles o inflamación de las articulaciones sacroiliacas.

Artritis por virus de Chikungunya y otros virus:

Diferentes virus pueden causar episodios de inflamación aguda en las articulaciones, inflamación que puede simular a la que se presenta en la artritis reumatoide, pero que usualmente resuelve espontáneamente con el paso de algunas semanas, sin volverse crónica como en artritis.

Artrosis:

Aunque NO es un tipo de artritis, es una condición ligada al desgaste articular, usualmente relacionada con el envejecimiento, que causa dolor articular y por lo que la incluimos en este apartado. La artrosis puede afectar cualquier articulación pero tiene predilección por las manos a nivel de las articulaciones interfalángicas distales y proximales, donde forma los nódulos de Heberden y Bouchard, alteraciones típicas de esta enfermedad. También puede comprometer la columna vertebral, rodillas y caderas, llevando incluso a la necesidad de cirugía en algunos casos, para realizar reemplazos articulares.

A pesar de que se han realizado muchos estudios, los cuales han arrojado información sobre los mecanismos de la forma como se produce la enfermedad, y han permitido crear nuevos y efectivos tratamientos, la causa de la artritis reumatoide es aún desconocida. Se han postulado diferentes teorías, entre las cuales se indica que personas que tienen una susceptibilidad genética, se enfrentan a un estímulo ambiental, el cual podría ser una infección por un virus o una bacteria, generándose el cuadro de artritis reumatoide. Es muy importante señalar que aunque se han descubierto cierto tipo de relación genética como causa relacionada, esta enfermedad no se hereda directamente, es decir, no pasa de padres a hijos. Así mismo, vale la pena resaltar que no es una enfermedad infecciosa y por lo tanto no se transmite de persona a persona. Las investigaciones a la fecha no han relacionado a la artritis con el consumo de algún tipo de comida específica, como carnes, fríjol, habichuela, arveja, tomate entre otros. En este orden de ideas, ninguna comida o bebida aumenta el riesgo de sufrir de artritis y entre los pacientes que ya padecen la enfermedad, no existe ninguna indicación para que dejen de consumir carnes o algún alimento específico, pues la artritis reumatoide es diferente a la gota y no guarda ninguna relación con los niveles de ácido úrico. La única recomendación en cuanto a la dieta, es que esta, como debe ser por norma general, debe ser saludable y balanceada sin ningún tipo de restricción por la artritis reumatoide.

La artritis reumatoide tiene una forma de inicio variable, pero en la mayoría de los casos, los primeros síntomas son la inflamación , el dolor y la rigidez matutina. Por lo general, se localizan en una sola o bien en unas pocas articulaciones .Por orden de frecuencia y porcentajes , las articulaciones más afectadas son las de las manos y los pies (90%) , los tobillos y las rodillas (80%), los hombros y las articulaciones acromioclaviculares (60%), los codos y las muñecas (60%), las articulaciones de la región cervical de la columna vertebral (40%), las articulaciones temporomandibulares y esternoclaviculares (30%), las caderas (10-30%) y las articulaciones cricoaritenoideas (de la laringe, donde están las cuerdas vocales) (10%). En la Artritis reumatoide no se afectan, las articulaciones de las regiones media e inferior de la columna vertebral (es decir las regiones dorsal, lumbar y sacra). La inflamación, lleva un incremento del volumen de la articulación afectada y si persiste conlleva a la aparición de varias deformidades en manos y pies El dolor inflamatorio es aquel que mejora con el ejercicio y se incrementa con el reposo, este es el tipo de dolor que se observa en la Artritis Reumatoide. Sin embargo con el paso de el tiempo las actividades diarias incrementarán el dolor articular

La rigidez matutina consiste en una notoria dificultad para mover la articulación afectada tras el reposo nocturno. En general, persiste durante unas cuantas horas, con un mínimo de 30 minutos. A veces es leve y se percibe sólo como una tirantez, mientras que en otras ocasiones puede ser tan pronunciada que impida realizar cualquier tipo de actividad; el movimiento y el ejercicio suelen aliviarla. A menudo, las manifestaciones que reflejan la existencia de inflamación articular son precedidas de malestar general, cansancio, fiebre ligera y pérdida de apetito.

El diagnóstico de la artritis reumatoide se basa ante todo en el juicio o criterio clínico del médico, puesto que aún no se cuenta con una prueba que establezca con certeza el diagnóstico de la enfermedad. A pesar de que el interrogatorio y la exploración física pueden aportar al médico datos muy importantes para avanzar en el proceso diagnóstico, también se solicitan diversas pruebas y exploraciones complementarias, en particular análisis de sangre y radiografías de los segmentos esqueléticos presuntamente afectados. Los exámenes de sangre mas solicitados como ayuda diagnóstica son factor reumatoide, anti cuerpos anticitrulinados, proteína C reactiva (PCR), velocidad de sedimentación globular (VSG) y radiografías de manos y pies. Para confirmar el diagnóstico de AR, los reumatólogos se basan en la valoración conjunta de los denominados «criterios de clasificación», esto es una lista en la que se muestran y puntúan las manifestaciones más características de la enfermedad. Como la Artritis Reumatoide no es una enfermedad con causas y manifestaciones muy claras y definidas, a menudo los reumatólogos deben establecer lo que se conoce como «diagnóstico diferencial», es decir, tienen que asegurarse de que las manifestaciones del paciente no sean provocadas por otras enfermedades que cursan con artritis o inflamación de las articulaciones. En algunos casos, los reumatólogos no pueden establecer el diagnóstico con la suficiente certeza y rapidez, de manera que, para poder hacerlo, deben solicitar pruebas y exploraciones adicionales más o menos sofisticadas. A veces, incluso, no les queda más remedio que esperar y observar la evolución del paciente durante algún tiempo. En estos casos, aun a falta de la comprobación diagnóstica, suele iniciarse el tratamiento, ya que con ello mejora el pronóstico de la enfermedad.

La artritis reumatoide tiene habitualmente un curso crónico, y si no se trata de forma precoz y oportuna puede ocasionar un notable deterioro de la capacidad física y de la calidad de vida; además, se asocia a un posible acortamiento de la expectativa de vida. Si la dolencia sigue su evolución natural, a los 10 años del inicio alrededor del 50% de los afectados no están en condiciones de mantener un trabajo a tiempo completo y, si no se instaura el debido tratamiento, en las fases más avanzadas de la enfermedad, alrededor del 10% tienen dificultades para llevar a cabo actividades cotidianas tales como lavarse, vestirse y comer. la esperanza de vida en las personas con artritis reumatoide que no se tratan se reduce con respecto la de la población general, globalmente, entre tres y siete años. Las principales causas de muerte, son las mismas que para los no afectados por este trastorno: las enfermedades cardiovasculares como Infartos cardiacos, las infecciones y el cáncer. Las deformidades que aparecen como causa de un curso crónico y sin tratamiento son: dedos en cuello de cisne, dedos en botonera, subluxaciones de las metacarpofalángicas en mano y de las metatarsofalangicas en pies, valgo del retropié, hallux valgus, desviación cubital de la mano, en codos contracturas en flexión y en pies el hallux valgus también conocido como juanete. En rodillas se presenta desgaste del cartílago articular conocido como artrosis y deformidad de las mismas. Estos datos son de épocas en las que no se contaba con las nuevas opciones terapéuticas disponibles en la actualidad y cuando era más habitual que no se procediera al tratamiento oportuno en las fases iniciales del trastorno. Afortunadamente, hoy en día, gracias a la disponibilidad de nuevos medicamentos más eficaces y a la mayor frecuencia con que se instaura el tratamiento en las fases iniciales de la enfermedad, se está consiguiendo una mejora notable tanto de la evolución como del pronóstico de la artritis reumatoide.

Las enfermedades autoinmunes

Las enfermedades autoinmunes constituyen un grupo de trastornos en los que, por razones aún no bien esclarecidas, el sistema inmunitario, encargado de la defensa del organismo, reacciona contra tejidos del propio cuerpo a los que identifica erróneamente como extraños, como si representaran una amenaza. Algunas enfermedades autoinmunes son «específicas de órgano», porque afectan a una estructura corporal determinada, por ejemplo la piel o la mucosa respiratoria, mientras que otras son «sistémicas», pues las lesiones que causan involucran al conjunto del organismo. La AR corresponde a esta última categoría, ya que el blanco de los ataques autoinmunes es el tejido conectivo, un tejido que cumple básicamente una función de sostén y que, por lo tanto, se encuentra presente en prácticamente todas las estructuras orgánicas, incluidas las articulaciones.

La inflamación

La inflamación es la reacción defensiva fundamental que pone en marcha el sistema inmunitario ante una amenaza. Se trata de una reacción muy compleja, ya que conlleva la participación de numerosos mecanismos y elementos. Pese a su complejidad, la reacción inflamatoria puede explicarse de forma esquemática. En primer lugar, las células defensivas detectan la presencia de elementos extraños. En segundo lugar, emiten las señales oportunas para que los vasos sanguíneos de la zona se dilaten y para que otras células defensivas ataquen a aquéllos, ya sea de forma directa o bien mediante la fabricación y liberación de anticuerpos a la circulación sanguínea. La dilatación de los vasos sanguíneos de la zona favorece la llegada de un mayor número de células y elementos defensivos, como los anticuerpos referidos. Pero también implica la llegada de un mayor flujo de líquido, que se acumula en la zona afectada y da lugar a la propia inflamación, además de ejercer presión sobre las terminaciones nerviosas sensitivas, lo que a su vez genera la característica sensación de dolor. Así pues, el aumento del flujo sanguíneo y la acumulación local de líquido son responsables de las cuatro manifestaciones características de la inflamación en la zona afectada: tumefacción, dolor, enrojecimiento e incremento de la temperatura. Las articulaciones que se inflaman con más frecuencia son las muñecas, los nudillos, las articulaciones de los dedos de las manos y de los pies, los codos, los hombros, las caderas, las rodillas y los tobillos. El dolor del cuello puede también ser debido a la artritis reumatoide y debe ser comunicado al médico. Además del dolor y la hinchazón, por las mañanas puede haber dificultad para el inicio de los movimientos (rigidez matutina) de duración variable, y que puede llegar a ser incluso de horas. La inflamación persistente puede acabar dañando los huesos, ligamentos y tendones que hay alrededor

Las articulaciones son las estructuras que unen huesos y permiten la movilidad del cuerpo humano. Las porciones finales de los huesos tienen unas superficies lisas que son los cartílagos, que permiten un rozamiento suave entre dichos huesos. Con el fin de nutrir y proteger estas terminaciones óseas recubiertas de cartílago, las articulaciones disponen de una membrana (la membrana sinovial) que las recubre en su interior uniendo un hueso con el otro. La artritis reumatoide es una enfermedad en la que se produce la inflamación de la membrana sinovial de múltiples articulaciones. Esta inflamación va a ser la responsable del dolor, de la hinchazón y de la sensación de rigidez que se puede notar por las mañanas. Algunas articulaciones se afectan más que otras, y hay algunas que casi nunca se alteran. La persistencia de la inflamación de la membrana sinovial, condiciona que el lugar del hueso en el que se fija la membrana sinovial se dañe dando lugar a pequeñas muescas (erosiones). Además, la inflamación mantenida de una articulación hace que el cartílago, que permite el rozamiento suave entre los huesos, adelgace y desaparezca. Con el tratamiento se puede conseguir que la inflamación de la membrana sinovial se controle, pero el daño ya producido en el hueso y en los cartílagos es irreparable. La sobrecarga de las articulaciones inflamadas contribuye a acelerar la destrucción. Para que el daño irreparable sea el menor posible, es imprescindible que el médico conozca la realidad diaria del enfermo, y que el paciente colabore en el tratamiento siguiendo las medidas que se especificarán más adelante.

Aunque la localización fundamental de las lesiones producidas por la artritis reumatoide está en la membrana sinovial de las articulaciones, a veces se pueden alterar otras estructuras. En la piel pueden encontrarse los llamados nódulos reumatoides que son abultamientos duros (nódulos) que aparecen en zonas de roce, como son los codos, el dorso de los dedos de las manos y de los pies, la parte posterior de la cabeza, la zona del talón, etc. También se pueden localizar en el interior del organismo, aunque raramente producen lesiones de relevancia para la salud. Estos nódulos son la consecuencia de la actividad de la enfermedad. Muchas veces desparecen espontáneamente o con el tratamiento, aunque en ocasiones hay que eliminarlos con cirugía. Sequedad de la piel y de las mucosas. La artritis reumatoide puede originar inflamación y atrofia de las glándulas producen lágrimas, saliva, jugos digestivos o flujo vaginal. Cuando esto ocurre se habla de síndrome de Sjögren secundario la artritis reumatoide. La artritis reumatoide puede producir inflamación u otro tipo de lesión en diversas estructuras del organismo, así como alteraciones en los análisis de sangre y orina, que el reumatólogo vigilará y controlará de forma rutinaria.

La artrosis y la AR son enfermedades reumáticas muy frecuentes, sobre todo la primera, y algunas de sus manifestaciones son similares, lo que puede generar confusiones y malentendidos. Sin embargo, el origen, la evolución y el tratamiento de ambos trastornos son muy distintos. Es conveniente que las personas con AR conozcan estas diferencias, puesto que ello ayudará a evitar supuestos, a entenderse mejor con el equipo asistencial e incluso a controlar de manera más eficaz la enfermedad.

Diferencias en las causas

La AR es una enfermedad inflamatoria que afecta primariamente a la membrana sinovial, mientras que la artrosis es una patología no inflamatoria, pues corresponde a un trastorno degenerativo del cartílago articular.

Diferencias en los factores de riesgo

Ambos trastornos comparten algunos factores de riesgo, es decir, circunstancias que favorecen la aparición y la evolución de la enfermedad: el sexo femenino (ambos trastornos son mucho más frecuentes en las mujeres que en los varones), la predisposición genética (que es particular y distinta en cada trastorno), la menopausia y la obesidad. No obstante, otros factores de riesgo son bien distintos. Así, actualmente se considera que el tabaquismo, el estrés y las infecciones podrían contribuir a la aparición y progresión de la AR, mientras que en la artrosis son importantes la ocupación y la actividad profesional, puesto que la actividad física intensa, la realización de movimientos repetitivos y la sobrecarga de las articulaciones favorecen el desgaste del cartílago articular.

Diferencias en la frecuencia

Según datos epidemiológicos de España, la AR sólo afecta al 0,5% de la población adulta, en tanto que la artrosis es mucho más frecuente: se estima que la padece alrededor del 24% de la población.

Diferencias en las lesiones

En la AR, las lesiones son provocadas por la inflamación y no sólo se desarrollan en las articulaciones, sino que a menudo afectan también a otros órganos y tejidos, como los pulmones, el corazón, la piel y los ojos. En la artrosis, en cambio, las lesiones sólo se producen en las articulaciones y no son de naturaleza inflamatoria.

Diferencias en las articulaciones afectadas

En la AR, las articulaciones más comúnmente lesionadas son las de lasextremidades (en particular, las de los dedos de manos y pies, los tobillos,las rodillas, los hombros y los codos), que, además, suelen afectarsede forma simétrica a ambos lados del cuerpo. En la artrosis, en cambio,las articulaciones afectadas con mayor frecuencia son las rodillas y las caderas, que por lo general no se afectan de forma simétrica (o por lo menos con similar intensidad) a ambos lados del cuerpo.

Diferencias en los síntomas y en la evolución

La AR suele evolucionar en forma de brotes sintomáticos en los que las articulaciones afectadas están inflamadas, duelen y presentan cierto grado de rigidez y dificultad de movimiento. El dolor suele durar toda la jornada, aunque tiende a intensificarse durante la noche y con el reposo. En cuanto a la rigidez, suele ser generalizada, es más intensa al levantarse y por lo general dura más de media hora. Además, son frecuentes los síntomas generales, como fiebre ligera, malestar, cansancio, inapetencia y pérdida de peso corporal.

Hay que evitar en lo posible una vida agitada, con gran actividad física o con estrés psíquico. Conviene dormir una media de 8-10 horas nocturnas, y viene bien una siesta de 30 minutos. Puede ser de utilidad comenzar el día con un baño de agua caliente, que contribuirá a disminuir la rigidez o el agarrotamiento matutino. Si hay posibilidad de elegir el trabajo, hay que evitar actividades que precisen esfuerzos físicos, obliguen a estar mucho tiempo de pie, o necesiten de movimientos repetitivos, sobre todo con las manos. Durante la jornada laboral hay que mantener una posición recta en el asiento y evitar permanecer con el cuello o la espalda doblados durante periodos prolongados.

En el trabajo doméstico hay que intentar no hacer fuerza con las manos. No es bueno retorcer la ropa, abrir tapaderas de rosca, presionar con fuerza mangos de cubiertos o fregonas etc. En algunas tiendas ortopédicas hay utensilios que pueden ser de gran ayuda para las tareas domésticas.

No es saludable practicar deportes con contacto físico y aquellos en los que sean frecuentes los saltos o choques. Es conveniente montar en bicicleta por terrenos llanos y sin riesgo de atropello, así como nadar o pasear.

En los periodos de poca inflamación es muy recomendable practicar algún ejercicio físico de forma habitual y sin cansarse. Durante el reposo hay que adoptar una postura adecuada, evitando doblar las articulaciones. Por este motivo hay que procurar mantener los brazos y las piernas estirados. Es recomendable tener una cama dura y una almohada baja. No deben ponerse almohadas debajo de las rodillas. El uso de un calzado adecuado es fundamental. Conviene un zapato elástico pero firme. Es mejor evitar los de plástico o material sintético. Es saludable llevar sujeto el talón, por lo que pueden ser recomendables zapatos de tipo botín con un refuerzo posterior. La puntera debe de ser ancha y el empeine lo suficientemente alto como para que no produzca rozaduras en los dedos. Hay que consultar con el reumatólogo la conveniencia de utilizar alguna plantilla. Asimismo hay que consultar en el caso de que el calzado habitual produzca algún tipo de rozadura.

Salvo en casos excepcionales, no hay ninguna dieta que modifique el curso de la artritis reumatoide. Es obvio que la obesidad supone una carga adicional para las articulaciones de las caderas, de las rodillas y de los pies. Por este motivo es recomendable adelgazar o evitar el sobrepeso según los casos. La dieta típica mediterránea, rica en legumbres, ensalada, aceite de oliva y pescado, puede ser beneficiosa. La actividad sexual puede verse parcialmente afectada por el deterioro articular. Es conveniente comunicar al médico este problema con el fin de buscar medidas adecuadas.

Una articulación inflamada debe ser mantenida en reposo. No hay que atender a consejos de familiares o amigos animando a mover una articulación inflamada “para evitar que se anquilose”. La excesiva utilización de una articulación inflamada favorece que se produzca daño irreversible en los huesos que forman la articulación en cuestión. Ya habrá tiempo, una vez haya pasado la inflamación, de hacer ejercicios que preserven el movimiento. Sin embargo, incluso en fases de inflamación articular, es muy conveniente mantener una buena musculatura alrededor de la articulación inflamada, pero sin mover dicha articulación. Es útil aprender a contraer los músculos. Son los denominados ejercicios “isométricos”. En esencia consisten en poner en tensión los músculos que hay alrededor de las articulaciones, pero sin que éstas se muevan. Mantener contracciones musculares de 20 segundos de duración 10 veces al día proporciona un adecuado tono muscular. La utilización de aparatos que mantengan la posición adecuada de los dedos de las manos (férulas), para uso nocturno, aún siendo algo incómodo inicialmente, previene futuras deformidades.

Todos los medicamentos tienen efectos secundarios. Los que se usan para tratar la artritis reumatoide, también. Un determinado fármaco se recomienda después de considerar que el beneficio que produce es superior al riesgo de efectos indeseables. La sugerencia de un determinado tratamiento por parte del reumatólogo es fruto de una experiencia contrastada. Al final será el enfermo quien decidirá si lo asume después de disponer de la mayor información posible.

El tratamiento de la artritis reumatoide con medicamentos incluye dos grupos de fármacos: Uno de ellos engloba a los que sirven para aliviar el dolor y la inflamación a corto plazo. Son útiles para bajar la inflamación y sobrellevar el dolor del “día a día”, pero no sirven para modificar la evolución de la enfermedad a largo plazo. En este grupo están los llamados antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) y los glucocorticoides. Los antiinflamatorios no esteroideos son medicamentos eficaces. No hay uno mejor que otros para esta enfermedad y cada persona puede encontrar el que mejor le vaya de forma específica. Si no mejora de sus síntomas (después de un plazo de un par de semanas) o no tolera el antiinflamatorio prescrito, hay que consultar al reumatólogo para probar otro.

Los glucocorticoides (derivados de la “cortisona”) utilizados de forma juiciosa, a dosis moderadas y para unas indicaciones concretas que el reumatólogo conoce, permiten en muchos casos mejorar la calidad de vida a largo plazo, aventajando a los efectos secundarios que se producen a estas dosis. El otro gran grupo es el de los llamados fármacos modificadores de la enfermedad. Estos medicamentos no sirven para tratar el dolor en un momento determinado, sino que actúan haciendo que la actividad de la enfermedad a largo plazo sea menor. Tardan en hacer efecto semanas e incluso meses. No son eficaces en el 100% de los enfermos, por lo que es habitual que el médico tenga que prescribir varios de forma secuencial hasta encontrar aquel que sea más eficaz y mejor tolerado. En este grupo entran el metotrexato, la sulfasalazina, las sales de oro, la cloroquina, la ciclosporina, la D-penicilamina, la azatioprina,... etc. En general requieren control por parte del reumatólogo y estrecha colaboración del paciente.

En el momento actúal están apareciendo nuevos fármacos de gran utilidad para el tratamiento de la artritis reumatoide. Hay una nueva generación de antiinflamatorios no esteroideos (celecoxib, etoricoxib) que actúan casi exclusivamente en el foco inflamatorio, lo que hace que siendo su eficacia similar a los actualmente conocidos, su tolerancia a nivel digestivo sea mejor. Asimismo se ha comercializado un nuevo fármaco modificador de enfermedad, llamado leflunomida, que es una alternativa eficaz a añadir a los fármacos ya existentes. Uno de los elementos implicados en el mantenimiento de la inflamación en pacientes con artritis reumatoide, es una sustancia fabricada por células inflamatorias llamado factor de necrosis tumoral (TNF).

En los últimos años se han desarrollado unos medicamentos que son capaces de bloquear específicamente el TNF, como el infliximab, el etanercept , adalimumab, Certolizumab y Golimumab Asi mismo existen mas médicamentos Biológicos que actúan en otras vías de la inflamación como Abatacept, Tocilizumab y Tofacitinib Son fármacos eficaces para el control de la inflamación y del dolor en un porcentaje variable de pacientes con artritis reumatoide y generalmente son bien tolerados. Se desconoce su impacto en otras áreas de la salud a largo plazo y su precio es muy elevado. Por estos motivos, es el reumatólogo quien ha de valorar su posible instauración y planificar los controles precisos para determinar su eficacia y su tolerancia.

Si con el tratamiento prescrito se consigue mejoría del dolor y de la inflamación en general, pero persiste alguna articulación inflamada, hay que hacerlo saber al médico. Una vez descartada alguna complicación, se puede actuar localmente mediante infiltraciones con el fin de reducir la inflamación. El reumatólogo sabe cuándo infiltrar, qué infiltrar y cada cuánto tiempo, con el fin de no producir daño, sino todo lo contrario.

También es posible actuar localmente sobre articulaciones especialmente inflamadas con material ortopédico especial. Es posible que durante la evolución de la enfermedad, alguna articulación resulte especialmente dañada y sea necesario realizar algún tipo de cirugía reparadora. Llegado el momento oportuno, el reumatólogo informará sobre estas posibilidades de tratamiento.

Una articulación inflamada debe ser mantenida en reposo. No hay que atender a consejos de familiares o amigos animando a mover una articulación inflamada “para evitar que se anquilose”. La excesiva utilización de una articulación inflamada favorece que se produzca daño irreversible en los huesos que forman la articulación en cuestión. Ya habrá tiempo, una vez haya pasado la inflamación, de hacer ejercicios que preserven el movimiento. Sin embargo, incluso en fases de inflamación articular, es muy conveniente mantener una buena musculatura alrededor de la articulación inflamada, pero sin mover dicha articulación. Es útil aprender a contraer los músculos. Son los denominados ejercicios “isométricos”. En esencia consisten en poner en tensión los músculos que hay alrededor de las articulaciones, pero sin que éstas se muevan. Mantener contracciones musculares de 20 segundos de duración 10 veces al día proporciona un adecuado tono muscular. La utilización de aparatos que mantengan la posición adecuada de los dedos de las manos (férulas), para uso nocturno, aún siendo algo incómodo inicialmente, previene futuras deformidades.

El diagnóstico de artritis reumatoide cambia la vida de la persona que la padece y la de su familia, que ha de ajustar aspectos a veces importantes de su actividad cotidiana a la nueva situación. Hay que saber que junto al reumatólogo hay un grupo de profesionales dispuestos a ayudarle. Todos ellos suelen tener la experiencia que da el haber ayudado a cientos o miles de personas con esta enfermedad. La artritis reumatoide no tiene en el momento actual un tratamiento curativo, lo que no significa que no exista tratamiento alguno. Es más, van apareciendo nuevos medicamentos que permiten controlar la enfermedad en un porcentaje cada vez más elevado de pacientes. La colaboración entre el enfermo y el médico es fundamental para el control de la artritis reumatoide.

En ausencia de tratamiento, los síntomas suelen evolucionar de manera progresiva, alternándose períodos de exacerbación («brotes sintomáticos») con períodos de relativa calma. Sin embargo, en una minoría de los casos desaparecen de manera espontánea («remisión espontánea») o bien, por el contrario, se acentúan incesantemente y con notable rapidez. En las fases más avanzadas, conforme las lesiones afectan al cartílago articular y los huesos, la limitación de la movilidad de las articulaciones se acentúa y aparecen las deformaciones esqueléticas. En estas fases, a diferencia de lo que ocurre en los inicios de la enfermedad, las lesiones son irreversibles, aunque a menudo tanto las limitaciones de la movilidad como las deformaciones esqueléticas pueden corregirse, hasta cierto punto, mediante diversos tipos de intervenciones quirúrgicas. En las fases avanzadas también pueden presentarse diversas complicaciones que afectan a los tejidos vecinos, en particular los tendones (las bandas fibrosas mediante los cuales los músculos se insertan en los huesos). Las más comunes son la tendinitis (inflamación de un tendón) y la rotura de tendón. Por fortuna, si el tratamiento se instaura en las fases iniciales del trastorno, es probable que se consiga evitar la progresión de las lesiones articulares y frenar el curso de la enfermedad, previniéndose así tanto las limitaciones de la movilidad irreversibles como las deformaciones esqueléticas.